miércoles, 17 de agosto de 2011

Teoría y práctica de la Biblioteca


Por Horacio González, director de la Biblioteca Nacional



La Biblioteca Nacional, una de las máximas instituciones dedicada a la ilustración popular, está en discusión.
Se hace necesario aclarar entonces qué se ha hecho en estos años en nombre de la cultura pública y el desarrollo bibliotecológico del país.
En primer lugar, su política cultural alcanzó una dimensión nueva de apertura a todas las corrientes de ideas de la historia argentina. Se recobró el aire innovador de revistas como La Biblioteca, que fue fundada por Paul Groussac y continuada por Borges. Ahora renovada, sin el exclusivo sello personal que le imprimió Groussac –aunque es cierto, sin su disposición archivística–, y también sin la cerrada atmósfera de época que le imprimió Borges –bien que sin la fortuna de contar con aquellas iluminaciones borgeanas que les daban a esa publicación un original matiz–, hemos abierto sus secciones a investigaciones, documentos y ensayos provenientes de múltiples estilos y pensamientos.



La editorial de la Biblioteca Nacional recobró textos olvidados, ignorados o desechados del acervo bibliográfico nacional, con atrevimiento y desenfado. No seguimos criterios canónicos ni nos guiamos por dogmas preestablecidos. Editamos según decisiones emanadas del placer del texto y de la excavación en los lenguajes, sean los más clásicos o excéntricos. La memoria misma de la Nación, con sus izquierdas y derechas, sus ensayismos y raras imaginerías fue puesta en las librerías de nuestras ciudades, desde Germán Ave Lallemant a Lucien Abeille, de Ignacio Anzoátegui a Martínez Estrada, desde el lingüista Rudolf Grossmann al antropólogo Bernardo Canal Feijóo, desde Manuel Ugarte a Cancela, de los Gauchos judíos de Gerchunoff al Tempe argentino de Marcos Sastre.
Se hicieron concursos para otorgar becas de investigación, se publicaron facsimilares de revistas, como Contorno, Envido, Lulú y Literal, además del histórico periódico The Southtern Star; se presentaron, desde seis años hasta esta parte, cientos de libros de autores noveles o consagrados, se realizaron actos culturales de todo tipo mediante la apertura gratuita de sus salas, que recogieron el vasto movimiento cultural de la ciudad; se realizaron concursos de historieta promoviendo a jóvenes autores y videos para la televisión pública. Está en marcha el facsimilar de la revista Proa, que los investigadores recibirán con satisfacción.



Sus ciclos de música y de cine se hallan hoy entre los más activos eventos –y sin modestia: prestigiosos–, de la cultura erudita, de vanguardia, marginal o popular, clásica o experimental, como la que raramente se aloja como conjunto vivo en una institución, esto es, no como vocación ecléctica o pasiva, sino como impulso deliberado hacia una ágil diversidad.

Llamamos a esto política cultural. Se alentaron trabajos de investigación externos e internos, de sus propios funcionarios y empleados, de lo cual surgieron numerosos trabajos –de iniciación o avanzados– que tuvieron su culminación en el volumen Borges, libros y lecturas, que significa un paso insustituible en la siempre renovada crítica borgeana. La capacitación del personal adquirió una relevancia antes no conocida, que fue tomando cada vez mayor sistematicidad.



Decenas de talleres literarios, poéticos y de formación teatral –con sus publicaciones propias– la ponen en el centro de una experiencia formativa y pedagógica en muchos casos de nivel universitario. Situando de este modo a la Biblioteca Nacional en la primera fila de las instituciones culturales argentinas, lo que, como es lógico, culmina en el despliegue de un vasto plan de actualización bibliotecológica que ha renovado su infraestructura técnica, de atención al público y de circulación de la Biblioteca. Desde el parque integral de ascensores y montalibros hasta la climatización de sus depósitos, siendo inminente la instalación final del sistema integral de gestión bibliotecaria –la informatización general de la biblioteca– gracias a los esfuerzos de todos los sectores de la institución, y especialmente por iniciativa de su subdirección.

Bajo el mismo impuso de las bibliotecarias y bibliotecarios profesionales de la institución se realizaron numerosos congresos de catalogadores y de otros ramos de las disciplinas bibliotecológicas, a los que concurrieron cientos de profesionales de la bibliotecología de todo el país y de Latinoamérica.

Se han hecho convenios de portales digitales con Brasil y con la Biblioteca Digital Mundial; las exposiciones recorren una versátil amplitud temática, realizadas con especial cuidado por funcionarios especializados, conocedores de la historia del libro y de las ediciones argentinas.



Se abrieron salas aledañas de exposición; se adquirieron equipamientos que pusieron a la Biblioteca en un rango apropiado de modernidad, capaz de sostener sus avances de gestión bibliotecaria. Se compraron o fueron donadas colecciones de manuscritos y documentos valiosos de la cultura nacional, como las bibliotecas de Dardo Cúneo, parte de la de Juan Carlos Paz, Luis Emilio Soto, Fermín Chávez, Darío Alessandro, Alejandra Pizarnik, Floreal Ferrara, Leopoldo Lugones –cuyo intenso papelerío se resguarda hoy en la Sala del Tesoro–, la valiosísima colección de revistas de Rogelio García Lupo, todos ellos gestos que caracterizan el empeño de proteger el patrimonio escrito del país y su memorial intangible. Los papeles de las investigaciones postreras de David Viñas también se hallan en custodia. El archivo Frondizi se ha clasificado y puesto a disposición de numerosos investigadores. La donación de las fotografías de Ignacio Ezcurra, en su momento fotógrafo de La Nación, cubre un momento vital de la historia de la fotografía argentina.



El apoyo del gobierno nacional y de la Secretaría de Cultura fue vital para que pudieran conjugarse al unísono tantas iniciativas. De próxima inauguración, el Museo del Libro y de la Lengua, diseñado por Clorindo Testa y Francisco Bullrich –un edificio que se entrega a la ciudad y al país como un gran desafío arquitectónico y cultural–, estará sostenido por originales muestras que llevan a la reflexión sobre la historia de la lengua nacional, preparadas por grupos de trabajo formados con el personal de la Biblioteca Nacional. Se da culminación así a una vasta tarea de años para poner a la Biblioteca Nacional en el centro del tejido cultural argentino, lo que le dará una nueva vivacidad: se trata de la convocatoria a crear nuevos lectores e investigadores con autoconciencia de la lengua real hablada, donde se alojan los hilos tácitos y visibles de la memoria lingüística del país, su literatura, su cancionero y sus poéticas generales. A lo lejos, se agita el ejemplo –remoto, es cierto, pero susceptible de invocaciones con el repique de lo actual– del joven Mariano Moreno, que vio las bibliotecas, como Franklin las había visto en su país, plenas de ebullición social, compromiso cívico y pedagogía democrática.



Todos saben que la historia de la BN se compone de jacobinos erizados, como lo atestiguan sus documentos fundacionales. Y de sacerdotes revolucionarios. Y de herederos de todas las clases de reaccionarismos. Y de la ilustración grousacquiana –problemática pero incisiva–. Y de la teoría borgeana de la “catalogación incesante” que nunca agota su objeto, que es la máxima teoría bibliotecológica concebible, superior quizás a la de Leibniz en el siglo XVII. Por la dirección de la Casa pasaron los sacerdotes Chorroarín y Segurola –hombres ilustrados, científicos, bibliófilos sutiles, progresistas de su tiempo–; el hermano de Mariano Moreno, Manuel, custodio de su memoria, partícipe de la conciencia federalista la época; Marcos Sastre, federal urquicista, que fue preso por fuerzas porteñas que lo obligaron a renunciar; Vicente Quesada, reorganizador ostensible de una etapa nueva al promediar la segunda mitad del siglo XIX; Carlos Tejedor, quien años después de dejar la Biblioteca dirigió las tropas porteñas que dieron batalla al ejército nacional en la sangrienta batalla de los Corrales; José Mármol, a quien Groussac le dirige críticas demoledoras por asuntos específicamente bibliotecarios; el propio Groussac –conservador en todas las materias culturales y raro innovador de la lengua nacional, al que Sarmiento intentó entorpecerle su nombramiento en la BN, en cuyo despacho escribía sus discursos Carlos Pellegrini y que activó en política junto a Bernardo de Irigoyen, Avellaneda y Sáenz Peña, siendo sancionado por sus estilos polémicos por el propio gobierno nacional–; Martínez Zuviría, que realizó importante labor bibliotecaria tanto como puso una impronta de grave discriminación cultural en su larga gestión, y el propio Borges, que entre sus actividades políticas en la Biblioteca hizo explícito de múltiples maneras institucionales su apoyo al gobierno político de entonces, tanto como su oposición a otros con los que convivió a desgano. Los énfasis que puso, como se sabe, son superiores a todo lo que se había visto antes o después en materia de adhesión política. Siendo director de la BN dijo frases de cadencia surrealista –él, que combatió a esa escuela– como “la democracia es el abuso de la estadística”, que no era cualquier frase, y que hoy puede interpretarse bajo los beneficios, atenuantes y bálsamos que proporciona su poderosa voz literaria, que consagra la paradojal comprensión del Otro como motivo último del descubrimiento de los núcleos oscuros de la existencia.



Bajo consignas como éstas tomamos la gestión de la BN, haciéndonos cargo de todo su pasado, poniendo a Borges como superior motivo de indagación política y literaria, para que toda época sea en definitiva un nuevo capítulo de la organización de una cabal justicia literaria, y tratamos de conjugar la tradición ilustrada con la tradición nacional-popular. Fusión ésta que no es necesariamente vulgar sumatoria política, sino acto moral e intelectual. Que resulta molesta, inquietante y necesaria: desde luego. Es nuestro “orbis tertius” ante los cruciales antagonismos culturales del país. La BN es una institución del conflicto históricopedagógico argentino; su politización surge del interior mismo de sus anaqueles, y la garantía de pluralidad la da una gestión que carga con juicio sereno el conjunto de su compleja historia.



Las reuniones del colectivo Carta Abierta, como la de muchos otros grupos culturales y políticos que solicitan sus instalaciones, reproducen las formas nutrientes de cada institución bajo una forma asamblearia original y participativa, en la que a nadie se le piden credenciales. ¿Cómo no va a hablar el director de la Biblioteca de la actualidad problemática, que desde siempre –desde 1810– constituye lo efectivamente real de los anaqueles que custodian la memoria escrita del país? ¿Cómo va a pasar por alto la naturaleza polémica de la cultura social y política, a la que se acude como inspiración mayor, y aun admitiendo errores, sabiéndose que siempre vale más una palabra dicha en espacios abiertos de la historia de las ideas argentinas antes que las numerosas, desprolijas operaciones periodísticas?


Tomado de http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/17-22491-2011-08-04.html  Pagina 12 seccion Cultura y espectáculos consulta on line del 17-08-2011
Imagen: Leandro Teysseire

martes, 16 de agosto de 2011

Storify ya está abierto al público

Storify, una herramienta increíble para contar historias a través de fragmentos en redes sociales, al fin es un beta público. Después de pasar meses bajo uso sólo mediante invitación, ahora ha abierto sus puertas para que todo mundo pueda emplear el servicio.

¿Que es? Es muy sencillo: te ayuda a narrar un acontecimiento mediante la recopilación de información en diversos sitios como Twitter, Facebook, YouTube, Flickr, entre muchos otros. Se ha usado para revivir el terremoto en Japón o la discusión sobre el documental Presunto Culpable entre otros temas.

Storify es sumamente interesante pues podría ser muy útil para organizar el bombardeo constante de información, haciéndolo coherente, ordenado y dándole un hilo narrativo que nos permita, a través de esta antología, explicar un suceso. De acuerdo con The New York Times, durante su fase privada, el servicio fue empleado exitosamente por periodistas de The Washington Post, PBS, entre otros medios de comunicación.

La empresa, fundada por Xavier Damman y Burt Herman, se encuentra ubicada en San Francisco. De acuerdo con Herman, la idea es que los periodistas que no puedan estar en el lugar de los hechos sirvan como un filtro para contextualizar el flujo de información. Al existir una gran cantidad de datos difundiéndose por la red a cada segundo, lo que hace falta es criterio para ordenarlos. De este modo, cualquiera con acceso a Storify tiene la oportunidad de contar su propia versión mediante el acomodo de sus fuentes.

Por ejemplo, la cadena Al Jazeera ha creado un programa llamado The Stream (La Transmisión), en el cual se recopilan opiniones vertidas en las redes sociales mediante Storify. En un episodio próximo a emitirse, han recolectado vídeos de YouTube, tweets y entradas de blogs sobre el miedo que impera contra el Islam en Estados Unidos. Los productores ensalzan a esta nueva herramienta, diciendo que prácticamente hacen su guión con ella.

Como muchas start-ups que llaman la atención, la cuestión está en el financiamiento. Aunque recientemente recibieron una inyección económica de dos millones de dólares, aún está la interrogación sobre cómo se monetizará Storify. Por lo pronto, no hay planes para ofrecerlo como servicio de pago, pero en el futuro, sus creadores podrían considerar la venta de anuncios o el patrocinio de marcas para hacerlo rentable.

Autor: Pepe Flores para comunidad Hipertextual
Tomado de: http://alt1040.com/2011/04/storify-ya-esta-abierto-al-publico



Consulta on line del 16-08-2011













martes, 21 de junio de 2011

Caleidoscopios

Un mundo de colores








¡¿Quién no ha jugado alguna vez con este aparato óptico cilíndrico que a través de un sistema de espejos multiplica simétricamente los objetos haciendo hermosos y variados efectos percibidos por el ojo humano?!

 




 Fabricamos un caleidoscopio


Aquí van las instrucciones para que te construyas vos mismo un objeto que cambia todo el tiempo y jamás se repite:



MATERIALES


• Un trozo de cartón fino o cartulina de unos 8 x 22 cm


• 3 espejos de 8 x 6 cm


• Papel vegetal


• Celofán (un pedacito transparente)


• Pedacitos de papeles de colores o pajitas de bebida, azufre, vidriecitos, etc


• Cinta adhesiva y tijera.







Procedimiento






1. Colocando el primer espejo contra el borde, pegá los tres espejos al cartón con cinta, uno al lado del otro y dejando ½ cm de separación entre ellos. Te va a quedar una pequeña pestaña de cartón de sobra.


 

2. Doblá el cartón en forma de triángulo con los espejos hacia adentro como muestra el dibujo. Pegá la pestaña con pegamento de modo que el triángulo quede cerrado.




 

3. Cortá dos triángulos de papel vegetal un poco más grandes que las dos caras del “tubo” triangular que te quedaron sin tapar.






4. Pegá con cinta uno de los trozos de papel vegetal a una de las caras abiertas del tubo de modo que quede bien tapado.






5. Por la cara abierta del tubo, echá dentro los pedacitos de papeles de colores y pajitas.






6. Al triángulo de papel vegetal que te quedó, recortale un redondelito en el centro. Luego tapá con él la cara abierta del tubo y pegalo bien con cinta.






7. Cortá un pedacito de celofán más grande que el círculo que hiciste en el papel vegetal y pegalo con cinta a él justo encima del redondel para que los trocitos de papel no se salgan.






Ahora apuntá tu caleidoscopio hacia a luz. Mirá a través del celofán en su interior, giralo lentamente y vas a ver cómo cambian las formas de su interior. Un verdadero mundo de colores…







































Tomado de: http://www.chicos.net/revi/laboratorio/index.html
Imágenes: Google images

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 








sábado, 28 de mayo de 2011

Descubren un túnel que era la representación del "inframundo"

MEXICO -- HALLAZGO HISTORICO


Sábado 28 de Mayo de 2011
La excavación había sido clausurada hace más de 1.800 años.


TEOTIHUACAN (México).- Investigadores mexicanos localizaron debajo del Templo de la Serpiente Emplumada de la ciudad prehispánica de Teotihuacan, a unos 45 kilómetros al noreste de Ciudad de México, un túnel clausurado por sus pobladores hace 1.800 años.

Investigadores de la Universidad Nacional de México hicieron el hallazgo gracias a un georradar que detecta desde la superficie el subsuelo y el registro del complejo arqueológico, mediante una cámara de video en 3D.




"Con el georradar, que barre con ondas electromagnéticas desde la superficie para detectar materiales y objetos del subsuelo, el académico del Instituto de Geofísica (IGf), Víctor Manuel Velasco Herrera, detectó la ubicación de ese pasaje, sus dimensiones y las cámaras al final de éste", informó la UNAM.

"(Ese túnel) es una representación del inframundo. Se trataba de un lugar de creación, donde residen las fuerzas telúricas, emanadas de las deidades; el sitio donde se crea y se recrea la vida de forma constante", dijo a su vez el arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) Sergio Gómez Chávez.

Tras años de dirigir al equipo que ha hecho posible extraer tierra y piedras, el arqueólogo encontró "una ruta de símbolos, cuya conclusión serán las cámaras funerarias ubicadas en el extremo del corredor".

"Ahora, se avanza en la exploración del túnel, que se encuentra a 14 metros de profundidad, con orientación de oeste a este -de acuerdo a distintos relatos o mitos que compartían diversas culturas mesoamericanas, la entrada al inframundo es precisamente en esa dirección-, con una longitud de 120 metros".

Y añadió: "Al final, se encuentran varias cámaras, donde pudieran estar los restos de los gobernantes de esa civilización mesoamericana. De confirmarse, será uno de los descubrimientos arqueológicos más importantes del siglo XXI a nivel mundial".

Con este equipo no invasivo, propiedad del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, Velasco Herrera ha detectado la longitud de la oquedad y el mítico sitio al que conduce.

Teotihuacan, con sus gigantes pirámides del Sol y la Luna, sus palacios, sus templos, conjuntos habitacionales, talleres, mercados y avenidas, es la ciudad prehispánica más grande de Mesoamérica. Alcanzó su mayor auge entre los años 300 y 600 después de Cristo.


Fuente: Télam Consulta on line el 28/07 /2011













viernes, 20 de mayo de 2011

Una historia de amor, una muerte y una guitarra de árboles.



La historia se escribe acá, en Argentina, un hombre enamorado que quiso rendirle un homenaje a su esposa fallecida. Los árboles forman una guitarra y es un verdadero espectáculo y representación de un gran amor.

Los pilotos de avión que pasan realmente se sorprenden y no dejan de admirar esa mega obra natural de amor. Allí, en la monótona llanura, hay una arboleda de cipreses y eucaliptos en forma de una gigantesca guitarra. Tiene aproximadamente un kilómetro de largo.



Detrás de la gran guitarra de las pampas, y los aproximadamente 7.000 árboles que la componen, hay una historia de amor que tomó un giro trágico.



La arboleda con los contornos de una guitarra es obra de Pedro Martín Ureta, un productor agropecuario que ahora tiene 70 años. La obra paisajística es un homenaje a su difunta esposa, Graciela Yraizoz, quien murió en 1977 a los 25 años. "Es increíble ver un diseño tan cuidadosamente planeado, a tanta distancia abajo", dice Gabriel Pindek, piloto comercial de Austral Líneas Aéreas. "No hay otra cosa así".



Ureta, de una familia estanciera con hondas raíces aquí, fue un bohemio en su juventud. Viajó a Europa y se codeó con artistas y revolucionarios. Tras volver al país a finales de los años 60, a los 28 años, fue cautivado por Yraizoz, quien apenas tenía 17 años.



El párroco local casi se niega a celebrar la boda, recuerda Ureta, ya que no creía que el estanciero parecía lo suficientemente comprometido para amar a Yraizoz "todos los días" de su vida. Pero Ureta demostró ser extraordinariamente devoto a Yraizoz, dicen sus amigos e hijos, y la unión fue feliz, aunque breve.



"Ella era muy emprendedora, vivía haciendo cosas", dice Soledad, de 38 años, uno de los cuatro hijos del matrimonio. "Ella ayudó a guiar a mi papá. Vendía ropa".



Un día durante un vuelo sobre la llanura pampeana, Yraizoz divisó un campo que, por obra de una peculiaridad topográfica, desde el aire parecía un balde, cuentan sus hijos. Fue entonces cuando ella comenzó a pensar en diseñar la propia finca de la familia en la forma de una guitarra, un instrumento que adoraba.



"Mi padre era muy joven, y estaba ocupado con su trabajo y sus propios planes", dice su hijo menor, Ezequiel, de 36 años. "Él decía 'después, hablemos después'".



Yraizoz, sin embargo, no tenía mucho tiempo para esperar. Un día en 1977, se desmayó. Había sufrido una ruptura de aneurisma cerebral, un debilitamiento en la pared de un vaso sanguíneo que terminó por explotar. Murió poco después, mientras llevaba en el vientre a quien hubiera sido el quinto hijo de la pareja.



Hoy, Ureta dice que la muerte de su mujer orientó su vida en una dirección más filosófica. Dice que se retrajo un poco. Leyó sobre el budismo. Ureta parafrasea un verso del cantautor y escritor Atahualpa Yupanqui que le quedó grabada en la cabeza: Galopaba mucho y lo mismo llegué tarde.



Unos años después de la muerte de su Graciela, Ureta decidió cumplir con sus deseos sobre el diseño de la estancia. Como los paisajistas con los que consultó estaban predeciblemente desconcertados, se hizo cargo del trabajo.



La mayor parte de la guitarra, como el cuerpo y la boca en forma de estrella, está hecha de cipreses. Ureta plantó seis filas de eucaliptos para que hicieran de cuerdas, cuyo tono azulado ofrecía un contraste desde la altura.



Plantar la guitarra fue un trabajo de toda la familia, y hacer que los jóvenes árboles crecieran fue más difícil. Las liebres y los cuises destruían las frágiles plantas. "Es una zona semiárida y hay vientos fuertes y sequías", dice el estanciero. "Tuve que sembrar y resembrar y casi abandoné el proyecto".



Finalmente, Ureta tuvo una inspiración. Puso algunos metales de desecho y mangas protectoras en torno a los jóvenes árboles. Cuando los árboles finalmente comenzaron a crecer, María Julia, la hija de 39 años, dice que fue lo más parecido posible a que la madre volviera a vivir.



Mientras se ocupaba de los árboles, Ureta estaba criando cuatro hijos. Todos los días, manejaba unos 15 kilómetros en su camioneta pickup para llevarlos a la escuela. Cuando la pickup se estancaba en el barro durante la temporada de lluvias, usaba un caballo para sacarla.

Hoy, el hijo mayor, Ignacio, de 42 años, es ingeniero; María Julia es representante farmacéutica; Soledad es profesora de educación especial; y Ezequiel es veterinario. Tiene nueve nietos.



Ureta espero un largo tiempo después de la muerte de Graciela para entablar una nueva relación seria, dicen sus hijos. En los 90, empezó a salir con María de los Ángeles Ponzi, que está a cargo de la farmacia del pueblo. No han contraído matrimonio, pero tienen una hija de 11 años, Manuela. Ponzi dice que aprecia la belleza del tributo a la primera esposa de su pareja.

Ureta nunca ha visto la gran guitarra desde el cielo, excepto en fotos. Teme volar.





Fuente: WSJ

Tomado de: http://infomalargue.com/ambiente/853.html, diario digital, consulta on line el 18/05/2011





martes, 17 de mayo de 2011

La libertad y los libros. Mario Vargas LLosa




...Manuscritos, impresos y, ahora, digitales, los libros representan la diversidad humana (mientras no sean expurgados, claro está). A condición de que puedan participar en ella sin discriminación, cortes, sin censura, los libros de una Feria del Libro son, en pequeño formato, la humanidad viviente, con lo mejor y lo peor que ella tiene: sus creencias, sus fantasías, sus conocimientos, sus sueños, sus amores y sus odios, sus prejuicios, sus pequeñeces y grandezas. Ningún espejo retrata mejor a esa colectividad de hombres y mujeres que conforman las diversas tradiciones, culturas, etnias, lenguajes,mitos, costumbres, modos y modas del fenómeno humano. Esa extraordinaria variedad desaparece cuando, abandonando la superficie, gracias a los libros nos sumergimos en lo profundo hasta llegar a aquellas raíces o denominadores comunes de la especie, pues allí descubrimos lo que hay de solidario y semejante por debajo de aquella frondosa variedad: una condición, unos sentimientos, unos anhelos, unas alegrías y unos miedos que establecen una identidad recóndita sobre las diferencias y distancias que la historia ha ido forjando entre razas, pueblos y culturas a lo largo de los siglos.

Los libros nos ayudan a derrotar los prejuicios racistas, étnicos, religiosos e ideológicos entre los pueblos y las personas y a descubrir que, por encima o por debajo de las fronteras regionales y nacionales, somos iguales en el fondo, que los "otros" somos en verdad "nosotros" mismos. Gracias a los libros viajamos en el espacio y en el tiempo, como hizo Julio Cortázar en La vuelta al día en ochenta mundos sin salir de su biblioteca, y comprobamos que, con todos sus matices y variantes, la humanidad es una sola y compartida.

Podemos comparar el mundo de los libros que en estos momentos nos rodea con un bosque encantado. Ellos están allí, quietos, inertes, silenciosos, como los árboles y las plantas de las fantásticas historias infantiles, esperando la varita mágica que los anime.





Basta que los abramos y celebremos con sus páginas esa operación mágica que es la lectura para que la vida estalle en ellos convocada por la hechicería de sus letras y palabras, y un surtidor de ideas, imágenes y sugestiones se eleve del papel hacia nosotros, nos impregne,arrebate y traslade a otra vida, a menudo más rica, coherente, intensa y entretenida que la vida verdadera, en la que a menudo las rutinas embrutecedoras cotidianas nos dejan apenas resquicios para la exaltación y la felicidad.

La vida de los libros nos enriquece y nos transforma. Nos hace más sensibles, más imaginativos y, sobre todo, más libres. Más críticos del mundo tal como es y más empeñados en que cambie también él y se vaya acercando a los mundos que inventamos a imagen y semejanza de nuestros deseos y sueños.

Por eso, los libros son un testimonio inapelable de las carencias y deficiencias de la vida, aquellas que incitan a los seres humanos a crear mundos de fantasías y a volcarlos en ficciones para poder tener aquello que la vida que vivimos no nos da. El viaje al corazón de ese bosque encantado de los libros no es gratuito, un paseo divertido y sin secuelas. Es un viaje que deja huellas en el sentimiento y la inteligencia del lector, la comprobación de que el mundo real está mal hecho, pues no basta para colmar nuestros anhelos. ¿Para qué inventaríamos otros mundos si con éste nos bastara? Es imposible no salir de un buen libro sin la extraña insatisfacción de estar abandonando algo perfecto para volver a lo imperfecto y empezar a mirar el entorno con cierto desánimo y frustración.





Nada ha hecho que el mundo progrese tanto desde los tiempos de la caverna primitiva hasta la era de la globalización como ese viaje a lo imaginario que acompaña a hombres y mujeres desde su más remoto pasado y del que da testimonio inequívoco el mundo vertiginoso y laberíntico de los libros.

No es sorprendente, por ello, que los libros hayan despertado, a lo largo de la historia, la desconfianza, el recelo y el temor de los enemigos de la libertad, de quienes se creen dueños de las verdades absolutas, de todos los dogmáticos y fanáticos que han sembrado de odio y violencia zigzagueante el curso de la civilización.







La Inquisición lo vio clarísimo: los libros deben ser examinados y purgados por censores estrictos para asegurar que sus contenidos se ajusten a la ortodoxia y no se deslicen en ellos apostasías y desviaciones de la doctrina verdadera. Dejarlos prosperar sin esa camisa de fuerza de la censura previa sería poblar el mundo de heterodoxias, teorías subversivas, tentaciones peligrosas y desafíos múltiples a las verdades canónicas. Esta mentalidad llevó a decidir que todo un género literario -la novela- fuera prohibida durante los  tres siglos que duró la colonia en todas las posesiones españolas de América. Durante trescientos años no se pudo editar ni importar ficciones en las colonias americanas. El contrabando se encargó de que muchas novelas circularan en nuestras tierras, felizmente. Pero una de las perversas -o tal vez felices- consecuencias de esta prohibición fue que, en América latina, como la ficción fue reprimida en el género que la expresaba mejor -las novelas- y como los seres humanos no podemosvivir sin ficciones, éstas se la arreglaron para contaminarlo todo -la religión, desde luego, pero también las instituciones laicas, el derecho, la ciencia, la filosofía y, por supuesto, la política-, con el previsible resultado de que, todavía en nuestros días, los latinoamericanos tengamos grandes dificultades para discernir entre lo que es ficción y lo que es realidad.

Eso ha sido muy beneficioso en los dominios del arte y la literatura, pero bastante catastrófico en otros, en los que sin una buena dosis de pragmatismo y de realismo
-saber diferenciar el suelo firme de las nubes- un país puede estancarse o irse a pique. Los comisarios políticos han reemplazado en la vida moderna a los inquisidores de antaño.
Toda vez que se ha apoderado de un gobierno un fanático religioso, ideológico o un caudillo megalómano que se cree dueño de la verdadabsoluta, los libros se han visto sometidos a purgas, recortes y vejaciones para tratar de evitar que lo que ellos encarnan mejor que nadie -la diversidad humana, la variedad de ideas, creencias, puntos de vista, costumbres y tradiciones- se divulgue y contradiga la visión dogmática, excluyente y autoritaria entronizada. Nazis, fascistas, comunistas, caudillos militares o civiles enceguecidos por los espejismos de las verdades absolutas han tratado a lo largo de toda la historia y en todas las geografías del planeta de domesticar y embridar el espíritu creativo, insumiso y crítico -que ha sido siempre el motor del cambio-, pero, por fortuna, siempre han fracasado.
Dejando, eso sí, en el camino una miríada de víctimas -torturados, encarcelados y asesinados- que, pese a la represión y a las persecuciones, mantuvieron siempre viva aquella llama de libertad que anida, como un alma secreta, en el corazón de los libros

Leer nos hace libres, a condición, claro está, de que podamos elegir los libros que queremos leer y que los libros puedan escribirse e imprimirse sin inquisidores ni comisarios que los mutilen para que encajen dentro de las estrechas orejeras con que ellos aprisionan la vida. Defender el derecho de los libros a ser libres es defender nuestra libertad de ciudadanos, el precioso fuego que la atiza, mantiene y renueva.

Una de las mejores tradiciones de la Argentina ha sido ser un país de libros, escritores y lectores. Yo lo recuerdo muy bien, pues mi  infancia y mi adolescencia se nutrieron de revistas y libros (y, añadiré, películas y canciones) que se producían y editaban en este país y se difundían por todos los  rincones de América. Por ejemplo, llegaban puntualmente a Cochabamba, la ciudad boliviana donde viví hasta los diez años. Recuerdo muy bien la llegada periódica de Leoplán para el abuelo, el Para Ti que leían mi madre y mi abuela y el Billiken que yo esperaba como maná del cielo. Más tarde, de universitario en San Marcos, en Lima, conocí la literatura más renovadora y moderna (de Faulkner a Thomas Mann, de Joyce a Sartre, de Camus a Forster, de Eliot  a Hemingway) gracias a las traducciones que editoriales como Losada, Sudamericana, Emecé, Sur y otras publicaban y distribuían por todo el continente. Como innumerables jóvenes latinoamericanos de mi generación, puedo decir por eso que debo buena parte de mi formación literaria a esa pasión por los libros que anida en el corazón de la cultura argentina.

Hago votos por que esa hermosa tradición se renueve y fortalezca y que sea la mejor expresión de ello esta Feria del Libro de Buenos Aires.


Fragmento del discurso pronunciado  por Mario Vargas Llosa en la inauguracion de la Feria del Libro en Buenos Aires, Abril 2011



Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1367577-una-oda-a-la-libertad-y-los-libros





martes, 3 de mayo de 2011

Sobre héroes y tumbas

   
«La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse».






Tal vez a nuestra muerte el alma emigra:
a una hormiga,
a un árbol,
a un tigre de Bengala;
mientras nuestro cuerpo se disgrega
entre gusanos
y se filtra en la tierra sin memoria
para ascender luego por los tallos y las hojas,
y convertirse en heliotropo o yuyo,
y después en alimento del ganado,
y asi en sangre anónima y zoológica,
en esqueleto,
en excremento.
Tal vez le toque un destino más horrendo
en el cuerpo de un niño
que un día le hará poemas o novelas,
y que en sus oscuras angustias
(sin saberlo)
purgará sus antiguos pecados
de guerrero o criminal,
o revivira pavores,
el temor de una gacela,
la asquerosa fealdad de comadreja,
su turbia condición de feto, cíclope o lagarto,
su fama de prostituta o pitonisa,
sus remotas soledades,
sus olvidadas cobardías y traiciones.




Ernesto Sábato
 nació en Rojas, Provincia de Buenos Aires el 24 de junio de 1911. Falleció en Santos Lugares el 30 de abril de 2011. Fue un escritor, ensayista, físico y pintor argentino. Escribió tres novelas: El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador, e innumerables ensayos sobre la condición humana.






de: Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas (en pag 146) 16 ed. -Buenos Aires; Sudamericana, 1974









 
.





martes, 19 de abril de 2011

19 de abril, Dia Americano del Indio




El 19 de abril de 1940 se celebró en Patzcuaro (México) el primer Congreso Indigenista Interamericano para una Conferencia Interamericana Indigenista, con el objetivo de salvaguardar y perpetuar las culturas aborígenes de todo el continente. Participaron indígenas representantes de poblaciones autóctonas de diversas regiones de América. Se habló de la situación social y económica de estos pueblos, de sus problemas y sus necesidades. Esta conferencia produjo un documento que creó el Instituto Indigenista Interamericano, con sede en esta ciudad de México y dependiente de la OEA. Así se instituyó el Día Americano del Indio, en conmemoración a este acontecimiento.







Desde entonces, el continente americano celebra esta fecha en recuerdo de quienes habitaron originariamente este territorio, imprimiendo allí las primeras esencias culturales.






Empobrecidos y relegados, los aborígenes americanos de hoy ya no pretenden privilegios por su condición de primeros habitantes del continente, sólo aspiran a que se los trate como iguales, que se les reconozca el derecho a la tierra donde habitan, igualdad de oportunidades laborales y de estudio y el respeto a los valores de sus culturas.






Argentina adhirió al documento de Patzcuaro e instituyó el 19 de abril en el año 1945, mediante el decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nº 7550. Desde entonces, Argentina es miembro permanente y adhiere a esta fecha reivindicatoria de los derechos de los aborígenes.


de: http://www.me.gov.ar/efeme/diaindio/index.html

domingo, 3 de abril de 2011

Borges habla de Cortázar, Cortázar habla de Borges

Domingo 3 de Abril de 2011
Los dos mayores referentes de la literatura argentina del siglo XX tuvieron diferencias en sus estilos y en sus posiciones ideológicas pero estuvieron unidos por una admiración mutua. ¿Cómo se encontraron en el país del desencuentro?





Por Alina Diaconú

Para LA GACETA - Buenos Aires



En su tiempo, Borges habló de Cortázar. En su tiempo, Cortázar habló de Borges. Pero como ambos son eternos ("como el agua y el aire", en el decir de J.L.B.) nos referiremos a ellos, desde el título, en un tiempo presente.

Las palabras de Borges sobre Cortázar fueron dichas y escritas por él. Las de Cortázar aparecieron en sendos reportajes.

Y como acaso ambos escritores sean los mayores referentes de nuestra literatura del siglo XX, con sus no pocas similitudes en cuanto al ingenio y a sus preferencias por el género así llamado "fantástico" y otras insalvables diferencias en cuanto al estilo literario propiamente dicho y a sus posturas ideológicas, no podemos dejar de notar ciertas curiosidades pertenecientes a sus biografías, productos del azar o del destino.

Jorge Luis Borges nació un 24 de agosto y Julio Florencio Cortázar un 26 de agosto. Dos días separaban pues sus cumpleaños (aunque el primero haya nacido en 1899 en Buenos Aires y el segundo en 1914 en Bruselas). Ambos hombres pertenecían al signo de Virgo, identificado por los astrólogos como el determinante de una personalidad práctica, una mezcla de nitidez intelectual y de solidez terrestre. Amantes del deber, de la disciplina y del trabajo; devotos de la familia, los amigos y, siempre, de los más débiles. En sus amores, habría algo casto y puro que les es consustancial y serían solamente los caminos secretos y sutiles los que llegarían a su corazón. Minuciosos, críticos, a los nacidos en el signo de Virgo les enferma la estupidez, la ignorancia y la vulgaridad. Suelen aceptar su sino, con integridad.

Mirando someramente sus datos biográficos, observamos que Borges se casó dos veces y Cortázar también. Y algo más: ambos murieron a dos años de diferencia, víctimas del cáncer (Cortázar en París en 1984, tras padecer de una leucemia y Borges en Ginebra en 1986, como consecuencia de un cáncer hepático.)

Si bien Borges le llevaba quince años a Cortázar, falleció después que él, a los 86 años; mientras que el autor de Bestiario se fue de este mundo a la edad de tan sólo 69 años.



Más allá de las opiniones

En el libro Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, de Fernando Sorrentino (editado en 1996), Borges comentaba: "Yo me encontré con Cortázar en París, en casa de Néstor Ibarra. El me dijo: '¿Usted se acuerda de lo que nos pasó aquella tarde en Diagonal Norte?' No, le dije yo. Entonces él me dijo: 'Yo le llevé a usted un manuscrito. Usted me dijo que volviera al cabo de una semana y que usted me diría lo que pensaba del manuscrito'. Yo dirigía entonces una revista, Los Anales de Buenos Aires, una revista ahora indebidamente olvidada, que pertenecía a la señora Sara de Ortiz Basualdo, y él me llevó un cuento, Casa tomada; al cabo de una semana volvió. Me pidió mi opinión, y yo le dije: En lugar de darle mi opinión, voy a decirle dos cosas: una, que el cuento está en la imprenta, y dentro de unos días tendremos las pruebas; y otra, que ya le he encargado las ilustraciones a mi hermana Norah".

Y sigue relatando Borges acerca de aquel segundo encuentro en la casa de su amigo Ibarra: "En esa ocasión en París, Cortázar me dijo: 'Lo que yo quería recordarle también es que ese fue el primer texto que yo publiqué en mi patria cuando nadie me conocía'. Y yo me sentí muy orgulloso de haber sido el primero que publicó un texto de Julio Cortázar. Y luego nos vimos un par de veces en la UNESCO, donde él trabaja. El está casado -o estaba casado- con la hermana de un querido amigo mío, Francisco Luis Bernárdez (aludía, a la eximia traductora y luego albacea de Cortázar, Aurora Bernárdez). Bueno, como le decía -prosigue Borges- nos vimos creo que dos o tres veces en la vida y, desde entonces, él está en París, yo estoy en Buenos Aires; creo que profesamos credos políticos bastante distintos: pero pienso que, al fin y al cabo, las opiniones son lo más superficial que hay en alguien; y, además, a mí los cuentos fantásticos de Cortázar me gustan".

Ya mucho antes, en 1984, en el prólogo que Borges escribiera al libro de Cortázar Cartas de mamá se refería a la anécdota del primer encuentro con Cortázar en la redacción de la revista de Sara de Ortiz Basualdo y lo describe como "un muchacho muy alto. No recuerdo su cara; la ceguera es cómplice del olvido".Y cuenta Borges esa misma historia acerca de la publicación del notable cuento de Cortázar en esa revista que define como "casi secreta". "Ese cuento, ahora justamente famoso, era el que se titula Casa tomada -agrega Borges-. Esa circunstancia me honra. Muy poco sé de las letras contemporáneas. Creo que podemos conocer el pasado, siquiera de un modo simbólico, y que podemos imaginar el futuro, según el temor o la fe. En el presente hay demasiadas cosas para que nos sea dado descifrarlas. El porvenir sabrá lo que hoy no sabemos, las páginas que merecen ser releídas. Schopenhaueur aconsejaba que, por no exponernos al azar, sólo leyéramos los libros que ya hubieran cumplido cien años." Y manifiesta Borges: "No siempre he sido fiel a ese cauteloso dictamen; he leído con singular agrado Las armas secretas de Julio Cortázar y sus cuentos, como aquel que publiqué en la década del cuarenta, me han parecido magníficos. Cartas de mamá, el primero del volumen, me ha impresionado hondamente. Una historia fantástica, según Wells, debe admitir un solo hecho fantástico para que la imaginación del lector la acepte fácilmente. Esta prudencia corresponde al escéptico siglo diecinueve, no al tiempo que son las cosmogonías o el Libro de las Mil y Una Noches. (…) En este admirable relato -escribe generosamente Borges- no se declara, se insinúa, lo cual da más fuerza como en el Izur de Lugones. Queda la posibilidad de que todo sea una alucinación de la culpa. Alguien que parecía inofensivo vuelve atrozmente. Julio Cortázar ha sido condenado, o aprobado, por sus opiniones políticas. Fuera de la ética -repite y concluye Borges- entiendo que las opiniones de un hombre suelen ser superficiales y efímeras".



Estilos que se bifurcan

A su vez, Julio Cortázar retribuye y reconoce el talento borgeano en varias entrevistas que otorga a distintos interlocutores en los años 70.

Al escritor y periodista uruguayo Omar Prego Gadea le dice: "En principio soy -y creo que lo soy cada vez más- muy severo, muy riguroso frente a las palabras. Lo he dicho, porque es una deuda que no me cansaré nunca de pagar, que eso se lo debo a Borges. Mis lecturas de los cuentos y de los ensayos de Borges, en la época en que publicó El jardín de senderos que se bifurcan, me mostraron un lenguaje del que yo no tenía idea (…) Lo primero que me sorprendió fue una impresión de sequedad. Yo me preguntaba: ¿Qué pasa aquí? Esto está admirablemente dicho, pero parecería que más que una adición de cosas se trata de una continua sustracción. Y, efectivamente, me di cuenta de que Borges, si podía no poner ningún adjetivo y al mismo tiempo calificar lo que quería, lo iba a hacer. O, en todo caso, iba a poner un adjetivo, el único, pero no iba a caer en ese tipo de enumeración que lleva fácilmente al floripondio".

Ya en esta opinión se vuelve clara la diferencia que, desde un punto de vista formal, habría entre los dos escritores: Cortázar, con su cálido y chispeante estilo coloquial, Borges con su precisión incisiva y ascética.

"La gran lección de Borges -continúa Cortázar- no fue una lección temática, ni de contenidos, ni de mecánicas. Fue una lección de escritura. La actitud de un hombre que, frente a cada frase, ha pensado cuidadosamente, no qué adjetivo ponía, sino qué adjetivo sacaba. Cayendo después en cierto exceso que era el de poner un único adjetivo de tal manera que usted se caiga un poco de espaldas. Lo que a veces, puede ser un defecto", sentencia, en un reportaje reproducido por la revista La Maga, en 1994.

Cortázar insiste en viviseccionar la escritura de Borges en su aspecto estilístico.

También lo hace, y esta vez de una manera halagüeña, al referirse a la dupla Borges - Bioy Casares, en una charla recogida y publicada por la profesora de Filosofía y Letras (de origen peruano) de la Universidad de California, Sara Castro-Klaren: "Bioy y Borges, rechazando como rechacé yo eso que los españoles llaman humor y que no es nada más que el chiste macabro y, en general, de muy mala calidad, han sabido meterlo en la estructura mental y lingüística del español y darle una especie de derecho de ciudad que le quita, digamos, el fondo anglosajón y lo vuelve perfectamente argentino y latinoamericano. En ese sentido yo encuentro una gran afinidad de mi propio humor con el de Bioy y con el de Borges".

En cuanto al aspecto ideológico que ha puesto a Borges y Cortázar en veredas opuestas, dividiendo las aguas también entre los lectores, sobre todo en los años de la dictadura militar, Cortázar le confesaba a Hugo Guerrero Marthineitz en La vuelta a Julio Cortázar en 80 preguntas: "En la actualidad, cada vez que se menciona a Borges, inmediatamente la gente se divide en bandos perfectamente diferenciados… en América Latina, diría yo. En otros lugares se lo conoce como escritor, pero lo que pasa en América Latina es que en estos últimos años (se refería a los años 70) además de su trabajo como escritor, hemos conocido los puntos de vista geopolíticos de Borges (…) Sin embargo -admite Cortázar-, Jorge Luis Borges ha escrito algunos de los mejores cuentos de la historia universal de la literatura. El escribió también una Historia Universal de la Infamia".

Tras la muerte de ambos, el colador del tiempo ha agigantado hasta lo indecible la genial figura de Borges en su propio país y en el mundo y ha colocado en un lugar de privilegio la escritura y el mundo ficcional de Cortázar.

Quedan aquí registradas las reflexiones de ellos -algunas más generosas que otras- como mera anécdota, pero no por ello carentes de interés.

Cuando leímos las palabras de Borges sobre Cortázar, resonaba en nuestros oídos esa voz trémula, titubeante, con ese leve tartamudeo, que varias veces escuchamos en su casa de la calle Maipú o en las inolvidables conferencias del teatro Coliseo.

Lo mismo nos ocurrió con Cortázar, con quien tuvimos la alegría de toparnos en París. Le oímos esa voz potente, grave, acorde con su cuerpo de gigante, ese castellano con un pronunciado acento francés, cuando frente al metro Odéon le dimos la mano y le contamos que veníamos de Buenos Aires. Era esa misma voz que tantas veces escuchamos, hechizados, en aquel famoso disco Long Play que él grabara con algunos de sus mejores cuentos, allá por los años 60.

Es muy difícil que un escritor se expida sobre otro, con juicios de valor, en especial si son compatriotas y contemporáneos. Sirva esta nota entonces como un imborrable recuerdo que conservamos de ambos y, por supuesto, como nuestro humilde, pero sentido homenaje a estos dos monstruos sagrados que asumieron el riesgo y se animaron a hacerlo.

© LA GACETA



Alina Diaconú - Escritora argentina de origen

rumano. Sus libros más recientes son Avatar

(Ediciones B) y Ensayo General (Fundación

Internacional Jorge Luis Borges).